Muchas veces me vi plagada de recuerdos que sobreviven en el fondo de mi mente. Rodeada de fotos, palabras, promesas e historias que de una forma u otra; quedaron en la nada. Entonces me doy cuenta de la gran capacidad que tenemos para amar, pero también la gran capacidad que tenemos para dejar de hacerlo.
Es duro, muy duro perder a una persona que sentíamos tan cercana. Es duro sentirse y sobre todo estar lejos de esa x persona. Es duro tirarse en la cama a pensar en todos aquellos planes que tenían juntos, todos aquellos días de risas y juegos, cada beso, cada caricia, cada abrazo. Ahora todo, todo esta lejos, desapareciendo, volviéndose invisible a los ojos de todos, formando un sentimiento cada vez más fuerte a los ojos del corazón. Pero esta vez no es alegría la que sentimos, esta vez sentimos un dolor tan profundo que parece incomparable e irremediable. La sensación de perder eso único que amamos con todas nuestras fuerzas, de eso que fue nuestro todo.
Entonces pasa el tiempo y este se encarga de secar cada lágrima y curar cada herida. Nos vemos de pie, fuertes, sonrientes otra vez. Y de la nada, nos chocamos con el pasado y volvemos a sentir ese vacío que nos torturó tantos días y noches. Soltamos una lágrima, volvemos a extrañar, pero nos damos cuenta de que estamos bien, de que supimos estar bien y pudimos hacerlo. Porque nuestra fortaleza no depende de nadie, sólo de nosotros. Porque la felicidad se hace de momentos y no de personas. Porque estamos hechos para esto, para amar, llorar, odiar, perdonar y volver a amar, cientos y cientos de veces. Así que la historia puede repetirse mil veces, pero nunca, nunca vamos a olvidar. El recuerdo sigue intacto, a veces más y a veces menos presente, pero siempre en nuestra mente. Porque son parte de nosotros, de lo que somos y mucho más de lo que fuimos.
lunes, 11 de enero de 2016
Y el olvido?
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